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¿Está Dios llamándome al ministerio?


“Después oí que el Señor preguntaba: «¿A quién enviaré como mensajero a este pueblo? ¿Quién irá por nosotros?». —Aquí estoy yo le dije—. Envíame a mí.” Isaías 6:8 (NTV). 


La palabra “ministerio” a veces suena grande, lejana o reservada solo para pastores o misioneros. Pero ¿qué pasa cuando sientes un deseo profundo de servir, enseñar, guiar, escribir, ayudar… y no sabes si es solo entusiasmo o algo que viene de Dios?


Dios sigue llamando a personas comunes, para misiones extraordinarias.


El llamado puede tener distintas formas:


  1. Llamado general – Todos los creyentes son llamados a amar, servir y compartir a Cristo.

  2. Llamado específico – Dios te asigna una tarea particular: enseñar, predicar, liderar, escribir, acompañar, plantar iglesias, ayudar a mujeres, evangelizar, etc.


¿Cómo saber si es un llamado directo para mí?


Aquí hay señales para discernir si lo que sientes es un llamado ministerial de Dios:


1. Un deseo persistente y profundo

No es una emoción de un día. Es una carga que vuelve, una pasión santa que no se apaga con el tiempo.


“Sin embargo, predicar la Buena Noticia no es algo de lo que pueda jactarme. Estoy obligado por Dios a hacerlo. ¡Qué terrible sería para mí si no predicara la Buena Noticia!” – 1 Corintios 9:16


2. Confirmación a través de oración y Palabra

Dios no contradice Su Palabra. Cuando oras y lees la Biblia, Él puede confirmarte con convicción, ejemplos bíblicos o paz en tu corazón.


3. Afirmación externa

Personas maduras en la fe (líderes, mentores) comienzan a notar en ti dones o gracia para servir. A veces otros lo ven antes que tú.


4. Oportunidades que se abren

Dios abre puertas para servir, incluso de formas inesperadas. Puede ser enseñar a niñas, liderar grupos, escribir, predicar, o consolar.


5. Incomodidad con una vida “normal”

Hay algo dentro de ti que dice: “No puedo quedarme callada o quieta. Fui hecha para más.


¿Qué hago mientras tanto?

• Ora con honestidad — No fuerces una respuesta; escucha más de lo que hablas.

• Sirve donde estés — El ministerio empieza en lo cotidiano. Sé fiel en lo pequeño.

• Prepárate — Estudia la Biblia, lee libros, busca mentoría.

• Haz espacio para escuchar a Dios — A veces el ruido no deja ver el llamado.

• Sé valiente si es contracultural — El llamado no siempre es cómodo, pero sí transformador.


Y ante todo recuerda Jeremías 1:7-8: 


“No digas: “Soy demasiado joven”—me contestó el Señor—, porque debes ir dondequiera que te mande y decir todo lo que te diga. No le tengas miedo a la gente, porque estaré contigo y te protegeré. ¡Yo, el Señor, he hablado!

 
 
 

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