Ni envidiosa ni chismosa
- planetagirl
- 8 jul
- 2 Min. de lectura
En el caminar cristiano, una de las luchas más silenciosas pero poderosas que muchas chicas enfrentan es la tentación de la envidia y el chisme. Aunque puedan parecer “pecados menores”, la Palabra de Dios nos muestra que estos hábitos envenenan el alma y dañan profundamente nuestras relaciones. Además, no forma parte de la voluntad De Dios.
¿Qué es la envidia y por qué nace en nosotras?
La envidia es ese sentimiento incómodo que aparece cuando vemos a otra chica con algo que deseamos: belleza, talentos, amigos, éxito o incluso una relación. En lugar de alegrarnos por ella, sentimos tristeza o amargura porque “no es justo” que ella lo tenga y nosotras no.
“El corazón tranquilo da vida al cuerpo, pero la envidia corroe los huesos.” — Proverbios 14:30
La envidia surge cuando olvidamos quiénes somos en Cristo. Nos comparamos, nos sentimos menos y comenzamos a desear lo que Dios aún no nos ha dado, como si Su amor por nosotras no fuera suficiente.
¿Y qué hay del chisme?
El chisme es hablar de otros a sus espaldas de manera que no edifica. A veces lo disfrazamos de “preocupación” o “solo quería comentarlo”, pero en el fondo, muchas veces viene de un corazón herido, celoso o insatisfecho.
“Evita las conversaciones profanas y necias, porque los que las practican se alejan más y más de Dios.” — 2 Timoteo 2:16
El chisme destruye amistades, distorsiona la verdad y nos aleja de reflejar el carácter de Cristo. Es una forma de levantar muros donde Dios nos ha llamado a construir puentes.
¿Cómo podemos vencer estas tentaciones?
Busca tu identidad en Cristo.
Recuerda que Dios te creó única y no necesitas competir con nadie. Lo que Él tiene para ti es perfecto y llegará en su tiempo.
Ora por las personas que te causan envidia.
Esto transforma tu corazón. Cuando oras por el bien de otra persona, Dios suaviza tu espíritu y te llena de paz.
Habla vida, no juicio.
Usa tus palabras para animar, no para criticar. Si lo que quieres decir no edifica, no lo digas. Haz del silencio un acto de sabiduría.
Rodéate de chicas que también quieran agradar a Dios.
Las amistades con propósito te ayudan a mantener tus pensamientos y conversaciones en línea con el corazón de Dios.
Recuerda siempre que fuiste creada para mucho más: para amar, levantar, y brillar con la luz de Cristo. Sé valiente, elige la verdad y camina en integridad. ¡Tu vida será un testimonio poderoso!
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